“Leonel Fernández: De Hombre Carismático a Hombre Necio”

Cuando Leonel Fernández fue ungido, a sus 44 años como “el elegido” por el PLD y las masas para suplantar la vieja generación política dominicana en 1996, la población quedó como hechizada como por arte de magia por aquel mozalbete de piel color de miel, espigado y atlético, de maneras refinadas, de trato afable y hablar hilado como un tribuno romano o un “gran polemista” como alguien un día lo definió.

En sus cuatro años de gobierno realizó obras gigantescas, modernizando el estado y logrando estabilidad y crecimiento económico. Salió del poder al término de ese primer mandato porque la constitución se lo prohibía. En el 2004 retorna al poder, pasada la debacle del corrupto e inepto gobierno de Hipólito Mejía, porque la sociedad mayoritaria se volcó en apoyo por su magnetismo y sus buenas ejecutorias como estadista de talla latinoamericana, la cual le ha valido de múltiples reconocimientos internacionales. En ese momento expresó en su intimo círculo de amigos que el PLD lo llevó al poder en el 1996, pero esta vez él sería el que iba a llevar el PLD al poder. Esta vez ganó las elecciones, apoyado por una coalición con un 56% de los votos.

En el 2008 se resistió a que su Colaborador y armador más cercano suplantara su liderazgo indicando con el pecho inflado y embriagado con el “ajenjo del poder”: “la antorcha no se arrebata”. Volvió a ganar por tercera vez con amplio margen esa contienda electoral. En el 2012 pretendió seguir su reinado y se encontró de repente con una resistencia dentro de su partido que lo llevó a desistir de sus pretensiones después de todo tipo de justificaciones para seguir en el poder. Recabó unas supuestas 2,000.000 de firmas en ese entonces. En una ocasión expresó que gobernar más allá de dos periodos consecutivos era dañino para la democracia y que estaba de acuerdo con el modelo americano de dos periodos y nunca más. En ese entonces, por movida del CP, desiste de sus intenciones y gana Danilo Medina la candidatura presidencial y reedita otro triunfo para el PLD.

Aproximadas las elecciones del 2016, el Comité Político acepta se modifique la constitución a petición del Presidente y las bases de su partido en el 2015. En un discurso transmitido por radio y televisión, Leonel Fernández, argumentó que modificar la constitución para que permita gobernar por dos periodos consecutivos era una acción antidemocrática de parte del presidente Medina y precandidato de su partido porque lo hacía para su beneficio propio, lo cual él nunca lo hizo, aludiendo al año 2000 cuando la constitución solo permitía cuatro años y volver el otro periodo alterno.

Danilo Medina estaba registrando altos niveles de aceptación por parte del electorado y logra modificar la constitución, con la anuencia del CP y en el 2016 logra ganar las elecciones con un histórico 62%.

El 2018 encuentra a Leonel Fernández aspirando a la candidatura presidencial por sexta ocasión y le recuerda al presidente Medina que no puede modificar la constitución. Esta vez su slogan es “no hay marcha atrás”. En el 2019 irrumpe frente al congreso con una marcha multitudinaria, junto con otros precandidatos de la oposición, frente al congreso, para reclamar que no se debe modificar la constitución otra vez, de cara a las próximas elecciones del 2020. He aquí el hombre obstinado del cual habla Baltasar Gracián en su obra “El Arte de la Prudencia”, en el Aforismo 183 titulado: No ser Testarudo: “Todo hombre Necio es obstinado y todo hombre obstinado siempre es necio. Cuando mas equivocada es la opinión, mayor es su tenacidad. Incluso cuando se presentan evidencias, ceder es lo honesto, pues, se demuestra galantería, sin perder la razón. Más se pierde porfiando de lo que se gana con el triunfo. Eso no es defender la verdad, sino, la grosería. Hay hombres con cabezas de hierro, difíciles de convencer, con una irremediable vehemencia. Cuando el capricho y la obstinación se juntan, se casan con la necedad. El tesón debe estar en la voluntad y nunca en la opinión”.

En últimos dos aforismos se expresa sobre conceptos como la saciedad y lo que es el fin de toda la perfección humana, la virtud. En el primero explica que “es necesario dejar a los hombres con la miel en los labios. El deseo es la medida de la estimación. Es bueno paliar la sed, pero no saciarla. Lo bueno, si es poco, es dos veces bueno. Las grandes dosis de agrado son peligrosas, conducen al desprecio de lo mejor”. “Es más estimulante un deseo impaciente que un hartazgo”. En el segundo y como conclusión de su gran obra termina diciendo: “La virtud es la cadena de las perfecciones, el centro de la felicidad. La virtud transforma al hombre en prudente, discreto, sagaz, cuerdo, sabio, valeroso, moderado, integro, feliz, digno de aplauso, verdadero, es decir un hombre en todo”. “Es necesario medir la capacidad y la grandeza por la virtud y nunca por la suerte. La virtud se basta a sí misma: hace al hombre digno de ser amado cuando vive, y memorable tras su muerte”.

Autor: Manuel Rodríguez Céspedes
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