Narcotráfico sin “filtros” en la política en la República Dominicana

La influencia del dinero en la política dominicana se va haciendo cada vez más marcada, privando a buenos ciudadanos de la posibilidad real de competir en condiciones de igualitarias, en procura de servir desde una posición de elección popular.

Desde finales de la década de 1990, determinados personeros han obtenido cargos electivos, gracias a la utilización de altas sumas de dinero en las campañas electorales, recursos cuya procedencia no siempre ha estado claramente establecida.Naturalmente, el encarecimiento de la actividad política no es nuevo ni constituye una exclusividad de la República Dominicana, sino que se ha venido verificando en buena parte de las democracias latinoamericanas.

En los últimos años, han sido recurrentes las denuncias de que políticos financiados por el narcotráfico llegan a los ayuntamientos y al Congreso Nacional, sin que la sociedad dominicana reaccione; por el contrario, actúa como si viviésemos en una situación de anomia social, en la que la violación a las normas se hace tan frecuente que parecería normal.

No obstante, de vez en cuando “explotan” casos de narcotraficantes en la política. Por ejemplo, uno de ellos lo conoce actualmente la Segunda Sala Penal de la Suprema Corte de Justicia contra Yamil Abreu Navarro, a los fines de determinar si procede su extradición a Estados Unidos. Este dirigente del Partido Revolucionario Moderno (PRM) fue director del distrito municipal Las Lagunas, provincia de Azua, y está acusado de dirigir una red de narcotráfico internacional y de tener vínculos con el cartel de Sinaloa.

Desafortunadamente, en la República Dominicana las agrupaciones políticas no han establecido un sistema de “filtros” a través del cual eviten que personas relacionadas al crimen organizado ingresen a sus filas, las cuales les sirven de plataforma para aspirar a puestos de elección popular.

En los años de la década de 1950, el mundo de las drogas se limitaba a individuos marginales. En Estados Unidos, por ejemplo, se consideraba característico de habitantes de ghettos, músicos de jazz, entre otros. En otras palabras, las drogas eran consumidas por los excluidos de la sociedad.

Hoy en día eso ha cambiado radicalmente; los narcotraficantes se han convertido en figuras que terminan buscando el poder político.Estos personajes aprovechan la coyuntura del encarecimiento de actividad política, con el propósito de lograr, mediante el dinero mal habido, inclinar a su favor la voluntad de comunidades empobrecidas.

En un estudio sobre el “Financiamiento Político en América Latina, auspiciado por la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Instituto Internacional para la Asistencia Electoral, el investigador Francisco Cueto describió la situación dominicana de la siguiente manera: “La complejidad de la política ha hecho que la competencia partidaria incremente sus costos económicos. Las organizaciones políticas se ven desafiadas a mantener un aparato partidario cada día más complejo y a hacerle frente a campañas electorales costosas, lo cual ha generado en las agrupaciones partidistas la necesidad de recaudar considerables sumas de dinero, haciendo más vulnerable el sistema a prácticas como el financiamiento ilegal, el tráfico de influencias y la penetración de los intereses particulares y no siempre legítimos en la vida pública”.

En virtud de que el financiamiento público a los partidos, vigente desde 1997, no ha sido suficiente para el control de la penetración del narcotráfico, éstos deberían establecer “filtros”, porque, de lo contrario, estarían abriendo el camino para que República Dominicana comience a ser vista entre las naciones que se sindican como “narco-Estados”.